EL PODER DE LOS PERMITIDOS


ellie motolo

 

Cuando me puse a pensar sobre lo que iba a escribir en este post y sobre eso que se me ocurrió llamar “el poder de los permitidos” pensé que iba a hablar sobre cómo influye la alimentación sobre el estado de ánimo de cada una de nosotras. Pero después, con teclado en mano, me dí cuenta de que es algo que va más allá de la alimentación. Hasta tal vez debería empezar a formar parte de nuestro estilo de vida.

Todo este planteo surgió al cuestionarme; ¿por qué tanta disciplina? Desde los cinco años soy la nerd del grupo. La que siempre buscó destacarse a nivel intelectual. La que siempre quiere obtener buenas calificaciones. La que lloró por un dos en tercer grado cuando no podía entender cómo se hacían las divisiones y la misma que lloró a los 25 por sacarme un dos en estadística (no soy buena para los números). Sentí que mi carrera se derrumbaba. Por un dos,  por la presión y la disciplina. Caer no está permitido. Y lo mismo me sucede con la alimentación, ir por todo. Por la excelencia, por el orden o por la caída estrepitosa en una docena de facturas.

En breve cambia la temporada y nos vamos a ver sometidas a un bombardeo de dietas desintoxicantes que van a titularse “cómo llegar bien al verano”, “cómo tener la panza chata”, “cómo ser la chica más fit de la temporada”. Todas queremos ser Kayla Itsines. Y ok, no quiero menospreciar el trabajo que implica poder llegar a tener un cuerpo perfecto. Lo que quiero destacar es que perfecto no es sinónimo de saludable. No siempre.

En estos días, leía por ahí que Pierre de Coubertin volvió a instaurar los juegos olímpicos cerca del 1900 buscando una reforma educativa en Francia y promulgando una unión entre deporte, cuerpo y espíritu. Algo así como una fraternidad en donde se promueven valores nobles para decirlo a grosso modo.

Pero cuando nos vemos atravesadas por todo lo que nos demanda la sociedad de consumo perdemos de vista lo bueno que es comer saludable y rico, lo bien que nos hace a la cabeza practicar algún deporte con frecuencia sin presiones y lo feliz que nos sentimos cuando hacemos algo por nosotras mismas. Ese es el poder de los permitidos. Combinar nuestra energía por comer bien sin perseguirse si nos tentamos con una porción de torta cada tanto. Luchar por ser quienes queremos ser bien adentro. Y no ser quienes nos imponen los demás. Eso, para mí, es sinónimo de libertad. Relax chicas.

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